En algún lugar de la Mancha, 20 de febrero de
2012
Mi preciosa Betty:
Ayer que te robaron tu lap me platicaste muy
angustiada la experiencia. Es cierto, fue un cristalazo y te diste cuenta
cuando regresaste al carro; qué bueno que no viviste la experiencia en carne
propia, aunque no por eso deja de ser una vivencia escalofriante. Lo que más te
hizo rabiar son las tres mensualidades que aún debes, “porque me costó $15,000
pesos” –dijiste- y yo, simple como soy, no pude aguantarme más y solté la
carcajada. Pediste una explicación que no te pude dar por agarrarme el estómago,
de barbaján e hijo de la tiznada no me bajaste; ni siquiera porque me cerraste
la puerta dejándome fuera de tu casa pude dejar de reír. Y no, no fue porque te
hubieran robado, ¡bendito sea el cielo que estás bien!, tampoco por los quince
mil pesos ni las mensualidades que aún se deben –entre los dos las sacamos, no
te apures-. No estoy seguro por qué me ganó la risa, supongo que era eso o
ponerme a llorar, ¿cómo me explico?
“Todo se encuentra en internet, sólo es
cuestión de buscar un poco”, alguna vez me dijiste y a veces lo dudo mucho: mi
maestra de 4º año no aparece por ningún lado, aunque francamente supongo que el
hecho de no recordar su nombre dificulta un poco las cosas; las llaves del
carro que perdí la semana pasada tampoco están en internet ¡y mira que he hecho
algo más que buscar “un poco”! De la receta secreta de la abuela mejor ni
hablamos; alguna vez, medio en broma medio en serio, dijo que se la llevaría
con ella a la tumba y ni el poderoso
internet ha sido capaz de arrancarle ese secreto. En defensa de la red, algún web-a-holic dirá que la abuela murió un
par de años antes de que siquiera se lanzara oficialmente la World Wide Web –puntos dobles si me
dices el año en que murió doña Cata- pero La Gioconda se pintó un par de siglos
antes de que nacieran los bisabuelos de los tatarabuelos de la abuela y en la
red puedes encontrar hasta la composición química de los pigmentos que se
usaron para pintar el ojo izquierdo de la enigmática Mona, pero de la méndiga
receta ni sus luces.
Así que mejor digamos que en la red puedes
encontrarlo casi todo, por lo menos todo lo que alguien más, cualquiera, haya
subido a la red. Aunque francamente no deja de chocarme la candidez con la que
los buscadores de internet arrojan sus resultados: escribes cualquier
término de consulta y el motor de
búsqueda te responde con un “¡Bingo!
Encontré lo que buscabas, se encuentra en el planeta Tierra”[i]
y todavía te presume que encontró 1,582,000 resultados relacionados en
0,0045seg, lo cual te deja con 59 minutos 59.0055 segundos de tiempo libre para
hacer lo que quieras, como explorar los primeros diez resultados que algún
encantador algoritmo arroja como los más visitados o los más relevantes o los más
yo
que sé qué.
A veces sí que hay que tener suerte para dar
con lo que buscas no ya al primero ni al segundo intento, sino en algún momento
de la existencia, ¿o acaso me equivoco?. Como sea, peccata minuta eso de buscar
palabras en la red, debe serlo con poco más de 15 años dedicados a hacerlo. Lo
más interesante que he visto en los últimos meses es la versión del mismo
buscador pero adaptada para buscar fotografías digitalizadas en cualquier
rincón del –correcto, adivinaste- planeta tierra, ¿lo has probado?
Que recibiste una solicitud de amistad de
Susana Pérez, cuyo avatar muestra a una mujer despampanante… no hay problema:
arrastra la imagen hacia el buscador y descubrirás hasta el nombre de la modelo, que esa foto aparece
en más de 529 sitios de todo tipo y que ni, por error, es pariente de la
mentada Susana. ¿Aún quieres aceptar la solicitud de Susy…? Bajo tu propio
riesgo. De acuerdo, olvidemos a Susana; lo más seguro es que tu recibieras una
solicitud de Juan Pérez, el musculoso hermano boricua de Susy. El punto es que
puedes investigar si la foto es de quien dice ser o tan sólo la imagen que un wannabe encontró por ahí.
Que tu amigo del alma subió fotos de su más reciente viaje… ni te
angusties: sobre alguna de esas fotos pícale al botón derecho del ratón y dale –si
tienes instalada la extensión- a “buscar esta imagen” y pronto descubrirás que la
foto de ese hermoso paisaje salió en la portada del National Geographic de enero de 1993.
Así que técnicamente, supongo, si puedes encontrar
todo en internet, como por ejemplo las fotos que nos tomamos aquel fin de
semana que nos encerramos en aquella linda cabaña de San Miguel de Allende;
aquellas fotos que se nos hizo muy
divertido tomar al amparo de nuestras locuras. Las mismas fotos que no me
dejaste conservar porque “te conozco y sé que terminarás enseñándoselas a tus
amigotes, seguro que hasta las mandas por correo o algo” –dijiste. Las mismas
fotos que guardaste en tu Lap “para que estén seguras” –dijiste. Las mismas
fotos que después ya no quisiste borrar “porque son mías, pero no te preocupes
porque las voy a guardar bien” –dijiste. Las mismas fotos por las que morirías
de vergüenza “si cualquier otra persona en el planeta llegara a verlas” –dijiste.
Las mismas fotos que están en la lap que te robaron ayer… Supongo que por eso
me reí y quizá ello haga de mí un barbaján, pero no pude dejar de imaginar a un
pequeño enano cósmico carcajeándose de lo lindo mientras mueve los “hilos” de
nuestras vidas, seguro somos muy cómicos.
Mi único consuelo es que doña Cata, mi querida
abuela, jamás podrá comprobar qué tan cierto es eso de que “todo se encuentra
en internet”, ¿te imaginas que se topara con esas fotos de su nieto?
Besos
Julián
[i] Que conste que entrecomillo la frase, no me vayan a acusar de plagio, tan común en estos días…
[i] Que conste que entrecomillo la frase, no me vayan a acusar de plagio, tan común en estos días…
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