agosto 04, 2019

Mosquito ©




Falta poco tiempo para el amanecer y Ella ha pasado despierta la mayor parte de la noche, al menos así lo siente; no sabe si  es insomnio o sólo el molesto zumbido de aquel mosquito. En algún momento se levantó de la cama y prendió la luz para intentar cazarlo, pero el bicho sabe bien su negocio y lo que le va de por medio si recibe un manotazo. Resignada, volvió a acostarse en la cama y se enredó en las cobijas lo suficiente para sólo dejar al descubierto media cara y poder respirar, aunque con ese molesto vaho que se forma cuando tienes la nariz pegada a algo.  El mosquito se ha cebado en su frente, sus pómulos y en esa otra parte, cualquier parte, de su cuerpo que queda brevemente al descubierto cuando se mueve. 


Posee una extraña habilidad que le permite prescindir de cualquier tipo de alarma para despertarse por las mañanas; no que ahora necesitara alguna pues lleva ya tiempo despierta, pero sabe que es hora de levantarse.  Se sienta en la cama para quitarse su pijama de franela, busca sus chanclas y se incorpora  para ir al baño en calzones, se ve cómoda. El mosquito se  posa en su pecho, en el derecho, muy cerca del pezón y comienza a succionar su sangre; Ella lo espanta y continúa su acompasado caminar. 

En el espejo del pasillo se para un momento para mirarse: de frente, de perfil y, en la medida de lo posible, de espaldas. Le gusta lo que ve: una mujer madura, de piel suave y morena, un cuerpo lleno de curvas, las necesarias, y un aspecto que nada le envidia al de Dorian Gray. En un impulso, pone sus manos en las caderas y las va subiendo lentamente hasta agarrarse los senos para sentirlos, acomodarlos; mientras lo hace se imagina a su galán chupándolos, saboreándolos, alternando entre uno y otro, mordisqueando y succionando los pezones; recuerda la última vez en que él, en un arranque de gula, cogió ambos senos con las manos y los apretujo hasta casi juntar los pezones para meterse ambos en la boca y continuar mordisqueando y chupando. Lo inesperado de la maniobra la excitó un poco más en aquella ocasión, lo suficiente para que le agarrara la cabeza y lo apretujara contra sus senos; recordarlo provocó que apretara las piernas, así que decidió apurarse. Se bajó los calzones y se sentó en la taza para orinar. 

De regreso en la habitación, buscó en los cajones su máquina plateada favorita: un pequeño vibrador. Lo encontró en su cajita de madera, la abrió,  lo sacó de su funda  y se fue con él a la cama. El mosquito aprovecho para picarla en la pantorrilla, pero ni lo notó.

Acomodó las almohadas de la cama y se recostó sobre ellas. Se quedó por un momento pensativa y, sin dejar de pensar, comenzó a bajarse los calzones nuevamente, pero con una intención totalmente distinta. Extendió sus deliciosas piernas, las dejó abiertas y comenzó a acariciarse lánguidamente mientras sonreía con picardía,  recordó que le habían dicho que se ve deliciosa en calzones y sin bra, sabía que era verdad. En un momento de distracción, escuchó volar al mosquito y lo encontró volando justo en frente de si; pensó que desde ese punto, el mosquito tenía la mejor vista del cuarto: la veía desnuda, con las piernas como columnas enmarcando su sexo mientras se acariciaba distraídamente. Y entonces pensó que era su amante, y no el mosquito, quien la miraba desde ese ángulo, pero aquel hombre la miraba con lujuria y deseo,  sabedor de que su presencia la mojaba de anticipado placer. El vibrador, pequeño, compacto y muy potente, se sentía frío al tacto. Eso le gustaba de su acabado metálico: la sensación fría al principio que rápidamente se tornaba cálida al contacto con su suave piel; lo encendió y comenzó a presionar donde la práctica le había enseñado que su respuesta era intensa e inmediata.

Le encanta que la chupen toda, así que imaginó  a su amante subiendo desde el extremo de sus pies, besándole cada centímetro  sin prisas, pero sin pausas, observando sus reacciones y atento a los ruidos que emitiera, hasta llegar a sus suaves labios. Se lo imaginó chupándola al mismo tiempo que el vibrador hacía su trabajo; lamentó que en aquel momento, de los dos solo tuviera disponible el dildo, pero prefirió concentrarse en las sensaciones que experimentaba....


junio 12, 2019

Lunar. ©



Lo recuerdo como si hubiera sido ayer: iba saliendo del baño y ahí estaba Ella, recostada en  la cama sobre una pila de almohadas, justo en la orilla, con el control remoto de la televisión en la mano derecha y la mano izquierda reposando sobre su abdomen. Sus largas piernas morenas dominaban la escena, la derecha extendida a lo largo de la cama, la izquierda flexionada con la planta del pie sobre el colchón, la rodilla apuntando al techo y las suaves curvaturas de su muslo y pantorrilla  fundíendose en un gracioso pliegue justo en la corva.  Las uñas perfectamente pintadas, de rojo si la memoria no me falla. El incitador color de su piel y el  tono del café con leche son uno y  lo mismo,  pero no hablo del café caliente, sino del frío, ese que llaman frappé, ese que se prepara con hielo molido y que te refresca los labios, la garganta y las entrañas al beberlo, ese que  sacia la sed que no sabías que tenías. En su tobillo llevaba puesta una pequeña cadena de oro y, justo en el otro extremo de su lechosa pierna, el nacimiento del muslo se perdía por debajo de la vieja y luida camiseta con la que se vistió  para cubrir su desnudez. La ropa que traía puesta unos minutos antes, cuando llegamos de la calle, estaba perfectamente doblada sobre una silla pegada a la pared, solo las calcetas  yacían  sin concierto alguno  sobre el resto de las prendas. La  vieja y cómoda camiseta se amoldaba a las curvas de su cuerpo cubriéndolo casi por completo.

Aceleró mi pulso en un parpadeo, entre el abrir la puerta del baño para dar uno o dos pasos  y la sorpresa, agradable por lo demás, de mirarla así; fue la primera vez que la veía de aquella forma tan relajada e íntima a la vez, sentí como si hubiera entrando en un recinto donde hay que guardar silencio y mirar con reverencia. Solo estaba descansando después de que pasamos medio día caminando por el centro y buscaba  absorta algún programa que mirar para matar el tiempo en lo que llegaba  la hora.

Cuando salí del baño, de inmediato me preguntó “¿qué quieres ver?”; tentado estuve a contestarle que quería ver el resto de sus piernas, pero obviamente se refería a los programas de la televisión, así que tuve que mirar a la pantalla y algo le respondí, pero no recuerdo qué. Esa fue la primera vez que realmente la miré, que me fijé en su dulce  contorno y noté la tersura de su piel.

La segunda vez fue por la mañana cuando se puso unos shorts coquetos. Unos shorts ajustados, pequeños y muy frescos que se amoldaban suavemente a sus caderas, por no mencionar sus nalgas. Sin embargo son las piernas y sobre todo sus tersos muslos los que acaparan la atención; no por su tamaño que es “petit” si me permiten la expresión, sino por lo bien torneados de las largas caminatas que le gusta dar. Justo me pilló cuando la recorría por enésima ocasión con la mirada y, sin dejar de verla, pudo  interpretar lo exquisita que me parecía su silueta.


Supongo que por llenar silencios,  empezó a hablar del lunar que tiene en una de sus piernas, pierna que empezó a levantar mientras se buscaba la bendita marca para enseñármela. En su defensa debo decir que  lo hacía sin malicia alguna; en mi defensa debo decir que la miraba  solo con curiosidad, pero mientras seguía subiendo la pierna, su pequeño short  iba enseñando más y más de su muslo  y mucho, muchísimo más allá de él, hasta llegar al punto en que mi curiosidad  fue cediendo espacio a un fuerte palpitar tan súbito y potente que, sin poder resistirme más a él, me secó la garganta e hizo que se me antojara Ella y su piel café con leche,  su exótico  sabor  y el maná de su sonrisa más profunda. Beberla en pequeños sorbos sería la gloria; imaginen con las yemas de los dedos recorrer suavemente su cuerpo en una curiosa  e  infinita caricia hasta encontrar ese lunar...

octubre 12, 2015

ENDERMONIADAS RAZONES ©



(a Ella, always Her)
Seiscientos sesenta y seis kilómetros de distancia...
Seiscientas sesenta y seis razones para visitarte... para romper la brecha, tomar dos micheladas (sólo dos) y conocer de tu obsesión con las zapatillas de Dorothy.
Seiscientas sesenta y seis razones para ir a verte, listadas de la última a la segunda, porque la no. 1 eres tú…

666: Aprender a leer en braille usándote a ti como lienzo.
665: Faltan 664, ya está la primera y última razón. Y entre ambos extremos te aseguro que te haré perder la cuenta.
664: Comprobar lo hermosa y sofisticada que te has de ver con vestido cortito, negro y entallado.
663: Ir a  para guiñarte el ojo como ningún emoticon puede hacerlo.
662: Pasear con la mujer segura de sí misma y tomar un helado con la niña chiquita.
661: Embriagarme con tu sonrisa, que de vodka en cualquier lado.

660: Ir para que me guardes un suspiro, ¿los secretos qué?
659: Decirte al oído lo que cualquier teléfono se sonrojaría de reproducir por su bocina.
658: Satisfacer mi curiosidad en los misterios de tu mirada.
657: Probar la fusión de tu curiosidad con la picardia de tu encanto en la comisura de tus labios.
656: Ofrecerte mi garganta, no en sacrificio, sino como ofrenda a tu sensualidad.
655: Ver en persona esa sonrisa que me provoca sonreír.
654: Perderme en tu mirada, encontrarme en tu sonrisa y saborear el gusto de tus labios.
653: Convertirte en mi cómplice en la aventura de hacerte vibrar sin siquiera tocarte, pero tan cerca que pueda escuchar la música que de ti emane.
652: Mandarte a dormir desnuda, porque después de susurrarte al oído lo que cualquier teléfono se apenaría de repetir, tú solita desearás quitarte las bragas para dormir abrigada y calentita en los brazos de Morfeo.
651: I will  go to make you babble, not out of pleasure, but out of delight and enchantment.

650: Dreaming of you biting your lower lip makes me wonder what's your taste like. You demand words, I'll go  to offer them hoping I can get a little taste of what you're biting right now as a reward.
649: I'll go to make you gasp at the pace of my heart beat. The deeper you smile, the faster my heart beats.
648 I'll go there to map your city across your body, so every corner of you reminds me of a place in your town.
647: Ver en persona las emociones que mis palabras te provocan, porque me dices que no pueden ser descritas, sino deben ser vistas.
646: Tomar el lugar de tu índice y cordial izquierdos para acariciar tus dulces labios con un largo beso mientras escucho la música que emane de tu boca.
645: Conquistar cada centímetro de ti con un beso, uno por cada razón, cada beso que humedezca tus ganas, cada beso que incite mi sed; 665 huellas en ti, desde la cabeza a los pies, que en la 666 besaré la fuente de tu eterna juventud.
644: Surrender myself to the power of your enchantment, to let you screw my brains out with a single glance of your eyes, while I beg your fury rips all your clothes off to show me the way to paradise.
643: Traveling just for the pleasure of actually hearing your real voice.
642: To count all the apples I earned and turn each one into tiny bits all over you. No particular place at all. 
641: Learn from you how to tap  my phone's keyboard just as well as caressing your Braille body.

640: Cubrirte con pétalos de rosa y pensar que son hojuelas de manzana;  tomarte una foto que te haga sentir sexy con solo verla.
639: Get a glance of the intelligent, undefined and free spirit you are.
638: Ganar el privilegio de posar mi mano sobre ti y simplemente esperar a que pueda sentir el ritmo de tu pausado corazón.
637: Buscar un parapente, o cómo se llame, y  volar contigo para verte sonreír con una gran estúpida sonrisa. 
636: Buscar una pluma de ganso o similar y usarla por el lado del plumón para escribir sobre la historia que tú me quieras platicar.
635: Say to you: "Madam, I'm Adam" and watch laugh just for the pleasure of it.
634: Mordisquear el nacimiento de tu cuello mientras “gaspeas” pensando en manzanas rojas.
633: Ser palabras que se consuman en tu mente.
633-a: Conocer dos o tres lugares en compañía de mujeres extraordinarias, todas con el mismo nombre.
632: To admire your ass cheeks in the so called blue dress.
631: You said you volunteer yourself as an apple for me to bite, I will bite you, as much as you want me to.
631-a: To flood my eyes with the same mental picture of your tight black jeans and red top.

630: To hear you rock and take little pieces of your smile.  Never, never, never from your heart.
629: Llegar para hacerte volar sin que debas despegar los pies del suelo.
628: To visit you  not because you're there waiting for me, not for the magic hiding beneath your clothes and garments, but for the light in your eyes.
627: To let you put your back on me and read my mind; then a subtle kiss  no one sees is gonna turn this thing around.
626: Temperature will not play a role while being there. I'll only get thirsty if you get wet. The wetter you get, the thirstier I'll be.
625: Escuchar lo que tu “innner core”, sin máscaras, quiera decir o callar, porque hasta en el silencio se comparte.
624: Encontrar el norte en tus estúpidamente expresivos ojos, tus chinos de medusa y esa arrogante inteligencia que te mantiene en rumbo con el latir de tu corazón y lo que fluye en él, dañado, loco, auténtico.
623: To satisfy your curiosity, whatever that means to you.
622: Caer seducido de golpe por tu sonrisa, por esos ojos estúpidamente expresivos de mirada enigmática de felino y apetecibles como el agua.
621: Amarte para  que la luna sea testigo de cada movimiento, de cada palabra, de cada beso.

620: Aprender a desearte infinitamente, haciendo de cada gesto, placer o palabra una oración; convertirte en Diosa de mi nueva religión.
619: Probar un tierno y jugoso bocado, tuyo o en tu compañía, de un corte o de tu cuerpo, y a embriagarme con una copa de vino o con la ambrosía de tus labios.
618: Caminar descalzos por la playa, sin rumbo y sin prisas.
617: To worship your distinctive fairness, which starts in your soul and ends up in your body.
616: Descubrir que eres un poco jaguar y un poco agua para ser atraído y devorado por una pantera, al tiempo que, como el agua, te escapas entre mis dedos.
615: Ganar el privilegio de recrear la escena donde el blue dress y los garments cayeron a tus pies.
614: Poseerte del único modo decente que conozco: rendirme a tus pies.
613: To lean you on my fingertips so you can wonder about them as long as you want and use them anyway your wetness want to.
613-a: Que reposes en las yemas de mis dedos y fantasees con ellas tanto como quieras, y después las uses tal y como tu húmeda calidez desee.
612: Dicen que una mujer feliz es toda agua, así pues iré para cerrar los ojos, sumergirme y aprender a respirar dentro del agua. 
611: Convertirnos en caricias mientras una parte de mi se desgarre y suba por dentro de ti como línea de mercurio midiendo nuestra fiebre.

610: Llenar de colores cálidos cada una de tus extremidades para que la punta de tus pechos deje de ser el único trazo de color brillante, e iluminar en tus muslos esas antiguas columnas que descifraré con cariño.
609: Hacerte el amor como si fueras la luz más intensa del universo.
608: Besar tu ombligo hasta que no puedas reir más.
607: Hacerte la pregunta 37 en persona y ver a dónde conduce...
607-a: Formular una pregunta, pero descubrir que los miedos, anhelos e inseguridades pueden cambiar el sentido de lo que se pretendía, y que la consciencia y el diálogo, aunque no pueden borrar lo dicho,  pueden corregir el rumbo.
606: Listen you share with me what's inside of you, even if that creates a delicious mental-physical loop.
605: Confirmar por qué es buena idea pensar en la segunda vuelta.
604: To visit you so you can fill this particular reason with whatever you want.
603: Exponerme a tu presencia, pues el precio por el síndrome de abstinencia es poco junto al adictivo gusto de mirarte a los ojos.
602: Hacer un trío entre la barda, tu y yo, dónde cada uno volemos al otro.
601:  To take a deep breath in your Medusa like curly hair and go high.

600: Soplar suavemente sobre tu cuerpo al ritmo de tu gaspeo.
599: Voltear por el revés el vestido negro entallado para mudarte de una piel a otra.
598: Hablando de tragos, si uno no es suficiente y tres son demasiado,  ir a verte con un par será perfecto.
597: Exasperar a una, volver loca a otra, matar de la risa a aquella y hacerte fantasear mientras tu stupid grin dirige la orquesta.
596: Comprobarte que tu ermosura va más allá de las convenciones,  empezando por las ortográficas.
595: Hacer la visita tan intensa que rompa tus patrones en un caos sin que te des cuenta.
594: To peel off your tight pants to caress your turgid peach skin.
593: Besar cada centímetro de ti, desde la punta de tus dedos hasta tus suaves labios; después besarte en la boca.
592: Derretirme entre tus brazos.
591: Verte desnuda y decir con acento cubano "¡Qué cosa más linda, chica!"

590: Cambiar mis saladitas horneadas por un  dulce beso tuyo. 
589: Amanecer contigo y la luz de tu sonrisa.
588: Confiarle  a tu subconsciente el acrónimo de tu nombre para que lo sueñes por las noches.
587: To roast marshmallows  in a bonfire at the beach by midnight.
586: Tocar un timbre y salir corriendo para hacerte jadear de distinta forma.
585: Visit you so we can have a real "ceviche" with "saladitas horneadas" while  hearing you laugh out of delight and silly things.
584: Servirte de cómplice en tus más secretas o locas aventuras.
583: To get so close to you we mingle into one and then rock you like a hurricane.
582: Crear contigo la fuente de nuestro mutuo placer.
581: Que me llames no sólo con la mente sino con lo que tú quieras.

580: To use your sharp tongue for getting quite a hell of a ride.
579: To witness the sexy way you wear only a tight,  short, black dress & nothing more.
578: To lean you on your back while we both discover reasons for your hips to arch for the sake of it.
577: Recostarte para que puedas ver el cielo estrellado,  aunque no querrás dejar de mirarme a los ojos.
576: Divertirnos ayudándole a Ella a sabotearnos.
575: To let you lead the way, hear what you have to say while I enjoy the view.
574: To body paint on you the patterns of our delight.
573: Darnos razones para volvernos a ver.
572: Tomar un curso de tus manos para acariciarte como es debido.
571: Savor the taste of true you.

570: To hear you giggling while giving you reasons to do so.
569: To go for no reason. Meeting you is a 666 miles travel worth for.
568: To hold on tight to your smile and let the world fade away.
567: Morir en ti.
566: Conocer de tu sensualidad que siempre creiste callar.
565: Ir para que me sonrías bonito y deseemos que las caricias ocultas te las haga yo.
564: To state you're always gonna be you, thankfully always you.
563: Ir sin agenda previa,  el único punto de acuerdo es lo que acordamos y será lo que  firmemos con una mutua stupid grin.
562: Visitarte para que sea el saxo (fón) maravilloso el que marque el ritmo de nuestras mutuas caricias.
561: Provocar tal verborrea que sea necesario comunicarla hasta con el alma.

560: To increase our desire to the point of no return, till you want to cross your legs suficiente around me.
559: Expandir nuestras burbujas hasta congelar el tiempo el tiempo suficiente.
558: Give it all and feel the magic beneath your breath, at the surface of your skin.
557: To find your breath, gasp by gasp, until you truly need to inhale again.
556: Encerrarnos en tus ideas hasta que necesites desgarrar la salida con un profundo y gutural sonido de tus entrañas.
555: To play games no other human being dares to play.
554: Comprobar qué tan fuerte es el atractivo sexual que nos sugiere la quiromancia.
553: Sin ser el poder de la Nada, devorar tu miedo y fascinación,  cual lobezno mordisqueando un hueso.
552: To hear you pant while you cross and uncross your legs in anticipation.
551: Reírnos de las veces que he estado a un tris de cagarla y evitarle todo el trabajo a Ella.

550: Ser tu objeto de estudio para mirar qué es lo que te hace sonreír pícara,  ansiosa, ardiente y hasta perpleja.
549: To change your tight clothes for my bare hands just to discover if you like wearing them both.
548: To sync your THA with mine at the rhythm of our gasps.
547: To find the places where my trembling fingers won't be a trouble but a source of enchantment.
546: To go so no longer I have to imagine THA, but have the joy of witnessing first hand.
545: Finish the foreplay so we can imagine  a more intimate way of sharing us both.
544: Besar tus suaves labios mientras tú mordisqueas los tuyos.
543: Robarte de Morfeo y que no pegues un ojo en toda la noche.
542: Escuchar y ser testigo de lo que no puede ser contado.
541: To teach the atheist to tease the red button.

540: Aprender a juguetear con el botón rojo y comparar lo que puedo enseñar de lo que puedo aprender de espectador.
539: Descubrir que  las saladitas no son sólo horneadas y crujientes,  sino suaves y aromáticas.
538: Descubrir las capacidades multiterremotas de las saladitas.
537: To sip in the way you move while walking.
536: Reír y mirarte reír con el drama de las princesas desesperadas.
535: Give you reasons to play with your curly hair.
534: To improve my spoken English by saying poetical words to my English teacher.
533: To get hypnotized by the way you walk with heels or with out them.
532: Tomar un segundo café contigo sin ningún ratón distractor en los alrededores.
531: Picar tu curiosidad  para que pidas elaboradas explicaciones sobre las razones que me hacen espolear tu curiosidad.

530: To steal your smile,  knowing that I can't steal something that has been given to me already.
529: To hear you whisper "lindo" to me.
528: Get a comforting kiss and a cuddle.
527: Compartir contigo momentos que nos hagan sonreír en el momento y en el recuerdo.
526: Walk by the Boulevard  with no destination, holding your hand.
525: Spot you like: "the gorgeous woman over there,  the one in brown".
524: Bailar contigo,  al ritmo de la música que lleves por dentro.
523: Escuchar lo que dices para contestarte de modo que me digas "lindo", porque viniendo de ti suena a gloria.
522: Ayudarte a morder tus labios cuando te diga algo lindo.
521: Darnos razones para bebernos como una buena taza de café.

520: Spend  my last 24 hrs with you.
519: Encontrar motivos para seguir con estas razones y cumplirlas todas.
518: Escuchar para comprender a tu lado por qué Paca es Paca.
517: Cambiar con mi cómplice la acción de las siguientes razones.
516: Regresar  al único lugar posible donde existe quién para usar y compartir el polvo de hadas.
515: Look into your eyes and let you know why I love you.
514: Regresar justo en este instante si eso ayuda a tu mente a convencer a tu cuerpo de sonreír aunque no tenga fuerzas para hacerlo.
513: Regresar  y embelesarme con tu esencia mientras duermes, velando por tu descanso.
512: Regresar a prepararte un caldo de pollo con tu receta secreta.
511: Regresar  y acurrucarme en las nubes procurando no volar sino  simplemente estar.

510: Regresar  y comprobar que mi audacia no tiene que ver con estados de duermevela sino con la confianza y comodidad que me haces sentir.
509: Regresar porque sé que verme te alegra y te hace sentir  de tal manera que sirve tanto como la mejor medicina.
508: Regresar  no porque seas adictiva,  sino porque eres razón.
507: Show to the junkie the real stuff is way better than the reasons, no matter how addictive they are.
506: Regresar  para amarte hasta que se acabe el tiempo.
505: Regresar porque uno va a dónde el corazón apunta.
504: Comenzar el bosquejo de planes porque si hay algo mejor que volar junto a una princesa es volar a su lado con rumbo.
503: Regresar y, aunque podamos abandonar  la lista de ellas, constatar que las razones son las que nos mueven a amarnos.
502: Regresar, mirarte y  descubrir, entre “grin” y “grin”, nuevas maneras de sonrojarte antes de sentirte entre mis brazos.
501: Regresar  para saborear la paz que dormir a tu lado me brinda.

500: Regresar para ir juntando días en que despierte y seas tú lo primero que vea, ermosa (sic).
499: Regresar para que mis ojos te digan lo que tu sonrisa esboza.
498: Regresar  porque amarte es la opción que escojo.
497: Regresar  e inundarnos en olas de cercanía,  intimidad y placer que van más allá del contacto físico.
496: Regresar  e imaginar el mundo que tus ojos prometen.
495: Leer los piropos que tatuamos en tu piel.
494: Regresar  y, entre picardía y picardía,  mentar madres a quién haga falta.
493: Regresar  a leer de tus ojos las pistas para listar las razones que completen the magic number.
492: Regresar por el placer de saberte entre mis brazos.
491: Regresar  a hacer en persona lo mismo que hago a distancia: simplemente amarte.

490: Regresar  y sincronizar las yemas de mis dedos y mis labios con tus silencios y suspiros.
489: Go back  to hold hands with you as a way of physically sharing the moment, whether is watching THE series,  having breakfast, kissing you or just being.
488: Regresar  cuál cometa Halley, porque lo maravilloso es el momento,  más que completar la vuelta.
487: Return  to keep building up that intimate warm tingling feeling.
486: Return to smile with you.
485: Regresar  por el placer de navegar en tu mirada con el norte de tus besos.
484: Regresar  para abrazarte con el gusto de sentirte entre mis brazos mientras te acurrucas en ellos.
483: Hacer lo mejor que se puede hacer con una mujer como tú: expresarte en persona el amor que me inspiras.
482: To make you blush as red as Dorothy's slippers while we go along the yellow brick road.
481: Regresar  y abrazarte, besarte, mirarte y sonreír con la stupid grin más grande y genuina.

480: Cantarle bonito a la rockaholic.
479: Mirarte  y reconocer que 666 razones no bastan, pero son un buen principio.
478: Regresar  con rumbo al mar y a la frescura de la lluvia, de tu presencia y del encuentro.
477: Just to kiss you goodnight.
476: To redefine the meaning of Lucid Dream next to you.
475: Regresar porque cada día,  aunque no es en persona, te vuelvo a elegir. 
474: Return  to feel and listen your leisurely and crazy heart at the best place on earth,  next to you.
473: Return to you because peace has something to do with you while I sleep at your side.
472: Return to you so I can whisper you THE word,  the one which perfectly summarizes you: your name.
471: Return to you   so I can cuddle you while feeling the breathing of the most lovable woman.

470: To caress the softness of your presence and enjoy the enlightenment of that "I beat  Armstrong at the final stage of Tour de France 2000 " smile.
469: Regresar porque tu sonrisa es un rayo de luz que añade alegría a mi existencia.
468: To hear and feel your silence,  to roam through your kisses and listen to you,  so I can hanker after you while I'm away.
467: Go to your sprint to see you cross the finish line with the 'Impossible" (I'm possible) smile.
466: To tuck you in bed,  kiss you good night and guard your dream.
465: …

Y así la lista, como la vida, no siempre llega a dónde uno planea que llegue, pero al saber que el mejor momento es siempre el ahora,  el recuerdo queda como tal y podemos despedirnos diciendo: “gracias por haber sido parte del mejor presente que he vivido... ”

abril 06, 2015

Parezco normal, hasta que entro en confianza ©

Pueden gravar cualquier frase hasta de 140 caracteres, ¿o 160?,  creo que eran 100. La cantidad de letras no importa, siempre y cuando la frase no pase del límite de espacios. Y no, no hablo de Twitter. 

Serían las dos o tres de la tarde, ¿qué más da?. ¿La calle?, una de esas que la genialidad del ocurrente gobernante en turno convirtió en peatonal, así que el flujo de gente era intenso. Lo primero que me llamó la atención fue una marioneta de la muerte de tamaño natural; no que la muerte pueda tener otro tamaño aunque algunos se la imaginen enorme ante su sola mención, sino que la marioneta tenía el tamaño normal de una persona, por lo menos de los pies hasta el cuello, porque la cabeza tendría sus buenos 60 centímetros o más de alto. La muerte representada como típico catrín, con sombrero de copa monóculo de pilón. 

Vestida de negro,  la marioneta se movía al estilo de las de Plaza Sésamo, ya saben... y si no saben busquen, no se las puedo describir, es algo que tienen que ver. La marioneta saludaba a todos los transeúntes, en especial a las mujeres, con un sonsonete meloso, mezcla de Tribilín -si, Tribilín, Goofy mis polainas- y Barney. Muy extraño, lo sé, ¿por qué creen que lo recuerdo?

Estaba haciendo tiempo en lo que llegaba Ella y el catrín era lo más interesante en la calle. Como venía algo retrasada -Ella, que la muerte siempre llega demasiado pronto, dicen- tuve tiempo de mirar a placer la mentada marioneta. El problema es que miraba sin mirar, matando el tiempo mientras tanto, sentado en una escalinata, a unos 8 o 10 metros del catrín al otro lado de la calle.  Miraba sin mirar, supongo que por eso lo que más se me grabó fue el sonsonete de la marioneta. 

De repente sonó el celular, era Ella que ya había llegado pero no me veía. Cuando describió el lugar donde estaba supe que era a la vuelta de la esquina, uno de esos lugares tan típicos que todo mundo debe usarlo como punto de encuentro, igual que el clásico  "bajo el reloj" de cualquier estación del metro, la que prefieran, no importa. Así que me despedí de la muerte, que por cierto se ve menos amenazante como marioneta con cabeza de más de 60 centímetros y monóculo a la cuenca (ojos no tiene), que con guadaña y hábito de monje

A la vuelta de la esquina, entre el mar de gente y bajo el enorme letrero de la tienda, estaba ella, de vestido negro, imponente y bella; curiosamente vestida de negro, ahora me doy cuenta de ello...


enero 31, 2014

De Antojos y Pecados Capitales ©

Lo malo de los antojos es que pierdes de vista los medios –no te importan- para fijarte sólo en el fin. Si no me crees no te creo, porque todos tenemos antojos y a las pruebas me remito, pero como la verdad hoy no tengo mucho humor para hacerte polvo te daré cierta ventaja. Mientras nos ponemos de acuerdo en las condiciones, he de platicarte el extraño caso de las fresas.
Hoy fue uno de esos días en que, cosa curiosa, no había mucho que hacer en la oficina, así que de común acuerdo decidimos que al menos por hoy no habría nada de horas extras y saldríamos justo a la hora en punto. Así que, dicho y hecho, a la hora en punto salimos rumbo a la vida –como si trabajar no fuera una especie de vida- y eso lo cambió todo.
Pensé en visitar algún amigo, pero de repente me ganó el cansancio acumulado y lo único que desee fue encerrarme en casa bajo siete llaves; entonces recordé que por andar en la visita de las Siete casas llevaba ya varios días sin cenar en la mía; seguro que no habría muchas opciones para armar un menú  decente, si por “decente” se entiende algo más que atún enlatado, verduras enlatadas, chiles de lata y hasta duraznos enlatados. Vamos, comida si había y por hambre-hambre, lo que se dice hambre no moriría pero de repente se me antojó algo más fresco, algo así como fruta. A media semana, con la urgencia de llegar a casa creí más fácil y rápido pasar al mercado que meterse al estacionamiento del súper, agarrar un carrito y recorrer toda la tienda hasta el fondo, donde según sus estudios de mercado debe ponerse la comida para que uno tenga oportunidad de pasar por toda la sección de chucherías del súper –por “chuchería” entiéndase “el resto de la tienda”-, para coger una papaya, naranjas y cualquier otra fruta que me hiciera ojitos en el camino. En el mercado bastó estacionar el carro en la calle y caminar unos pasos hasta el puesto más cercano que tenía, igual que el resto, toda la facha de un bodegón de esos que abundan en los óleos: montones de fruta por todos lados y ordenados en una bonita cacofonía de colores –ya sé que escribir “cacofonía de colores” es como decir “abigarrada sinfonía”, pero me gusta como suena-.
En realidad tenía ganas de conseguir plátanos para prepararlos con leche en vez de crema –el por qué plátanos con leche en vez de plátanos con crema es una interesante y larga historia, luego regresaré a ella- pero estaban demasiado verdes; nada tan sencillo como comprar una penca y esperar unos días a que terminaran de madurar, pero los antojos no combinan muy bien con los periodos de espera. Papaya, melón, mandarinas y un poco de guayabas tomaron el lugar de los plátanos. Ya para pagar, y después del típico “¿qué más le doy?”, paseé la mirada por todo el puesto por mera cortesía; entonces las vi, mi gran debilidad en la vida: fresas con crema.
Obvio que literalmente no eran “fresas con crema”, al menos no todavía, pero con ellas me pasa como con Ella: basta con mirarlas para salivar con fruición e imaginarlas saciando mis ansias por saborearlas –y que conste en actas que sigo hablando de las fresas-. Por cierto, ahora que lo pienso, las fresas con crema no son mi “gran debilidad en la vida”, por lo menos no son la única, ahí está también Ella –no necesariamente en ese orden- y por lo menos 322 debilidades más, sin contar las que adopte esta semana, pero el punto son las fresas.
Dos kilos por treinta y cinco pesos. Supongo que es un buen precio, pero ¿para qué demonios quiero dos kilos de fresas para mi solito? Digo, no tengo nada en contra de pecar por gula, que dios me perdone, y en el pecado llevaría la penitencia –si no me creen, intenten comer impunemente dos kilos de lo que quieran- así que pedí menos fruta, medio kilo para ser precisos. Sin embargo las fresas estaban de promoción y su precio era de treinta y cinco pesos por dos kilos; si yo insistía podían venderme lo que yo quisiera, siempre y cuando no pase de dos kilos, pero por treinta y cinco pesos. El prudente, el avaro, el goloso y hasta el tesorero que hay  en mí convocaron una reunión de emergencia: Tesorero decía que por el mismo precio más convenían dos kilos  que la mitad de uno; Goloso miraba suplicante a los otros tres sin entender el por qué de la discusión; Avaro se preguntaba si podría acabarme las fresas antes de que se descompusieran y cuando los tres voltearon a ver a Prudente, este puso cara de “por mi ni se detengan”.
Ya en el carro y rumbo a la casa caí en la cuenta de que hace meses no tengo azúcar en la casa, de que para hacer “fresas con crema” también necesito crema y de que para el caso no tengo un traste con tapa lo suficientemente grande para guardar dos kilos de fruta en él. O sea que, por no pensarlo antes de salir del mercado, tendría que hacer otra parada para conseguir lo que faltaba. En medio del tráfico, mucho más pesado que de costumbre, pensé en la mejor ruta para comprar en el súper más cercano de paso a la casa; cuando llegué ahí me seguí de largo ante la pereza de volver al tráfico al salir de esa tienda. Estuve a punto de irme derecho a la casa, pero las fresas con crema son “las fresas con crema”. De cualquier modo, hay otro súper no tan lejos de mi ruta pero a unos metros de la vía rápida que lleva a mi casa, es decir, con poco tráfico; hacia allá me dirigí.
Azúcar, crema y un tupper; la lista de compras más fácil de toda la historia. Si, Chucha, ¡cómo no…! Terminé comprando hasta shampoo –digo, hay que aprovechar esas vueltas al súper-. De la lista original, lo primero que encontré fue la crema. Frente a dos kilos de fresa los vasitos de 200ml parecen una mala broma, no sirven ni para tapar una muela; los de 450ml se ven más decentes y pueden dar la pelea pero seguramente tendría que comprar dos, así que escogí uno de 900ml. Al ver el tamaño del bote me dio miedo, llevo ya tres kilos para preparar un antojo para una persona y todavía falta el azúcar, pero para eso y muchas cosas más soy como una bola de nieve: una vez que empiezo a rodar… hasta donde llegue. Tal vez sería buena idea comprar dos de 450 para que no se echara a perder la crema, aunque luego pensé que primero se fermentaría la fruta antes que la crema estuviera incomible. Me aferré al bote grande. El azúcar… un paquete de un kilo que me acompañará mucho, muchísimo tiempo después de que se acaben las fresas, la crema, la papaya, el melón, las mandarinas y hasta el shampoo que compré ese mismo día. Por cierto, el azúcar la tienen junto a la sección de frutas donde, cosa de notar, las fresas brillaban por su ausencia, ni siquiera las que luego tienen en la sección de refrigerados, esas que vienen muy bien escogidas en cajitas plásticas con mil rendijas. Mi pequeño avaro-déjenme creer que es pequeño- brincó de júbilo al saber que tenía un pequeño tesoro que nadie, absolutamente nadie de los cientos de personas en aquella tienda podría obtener ahí; Aguafiestas sólo pensó “pasillo de congelados, sección de frutas, bolsas de medio kilo de fresa congelada…”; a Avaro no le simpatiza Aguafiestas.
Al pasar junto a las lechugas sonó una de las incontables campanitas pavlovianas que pueblan mi vida: las lechugas –y por supuesto las fresas- se remojan en agua con desinfectante. Todo mundo sabe que en los súper el desinfectante para frutas, ese que tiene plata coloidal, debe ir precisamente en la sección de frutas, en las esquinas de los grandes exhibidores, junto a los rollos de bolsa y las básculas; todo mundo lo sabe excepto los del súper. Tuve que preguntar dónde y me mandaron al pasillo seis –“para mayor referencia el que está después del pasillo cinco”, según el empleado, muchas gracias-.      
Al llegar a casa tuve que bajar las bolsas del mercado, las del súper y una computadora que traía paseando en el carro; acomodar la fruta, el mandado y la máquina en su lugar; sacar al perro a pasear, servir su comida, cambiarle el agua y darle sus cinco minutos de atención que, la verdad, creo le sirven tanto al animalito como a mí. Con el cansancio que traía, después de eso lo normal hubiera sido unos roles chopeados y a         dormir, pero estaba tan cansado que estaba dispuesto a pasar por alto mi ritual previo a soñar –me refiero a los roles chopeados- y mandarlo todo al demonio, fresas incluidas. A las fresas por lo menos hasta al día siguiente.
Me gustaría decir que mis pecados capitales son todos unos titanes y que se desato una batalla campal entre los dos que me reclamaban en ese momento; lo cierto es que Pereza nada, pero nada tiene que hacer frente a Gula y, de cualquier forma, sospecho que fiel a su naturaleza Pereza se dejó ganar, ¡qué flojera ponerse al brinco! Además, tumbarse en tu sillón favorito a matar el tiempo con un plato de tu postre favorito en la mano bien vale la pena un poco de trabajo, sobre todo si al final satisfaces a dos, ¿para qué batallar? Cada quien cede un poco, nadie pierde y todo mundo feliz y contento. Y luego hay quien dice que no se puede llegar a acuerdos…
Inicié el rito de lavar y quitarle los rabos a las fresas, a dos, si, a dos kilos de fresas, aunque lo primero fue enjuagar el dichoso tupper; el lavado me llevó no sé cuanto tiempo y al terminar descubrí contento que mi ojo de buen cubero no anda tan errado porque el traste que compré fue del tamaño perfecto para guardar toda la fruta. Entonces hubo que usar el desinfectante y esperar los quince minutos más largos, desesperantes y aburridos de los que tenga memoria.
Hablando de memoria, desde que tengo uso de ella, en casa de mi madre a las fresas se les espolvorea con azúcar antes de meterlas al refrigerador, para que duren más según creo recordar; nunca lo he puesto en duda ni he tenido la curiosidad por comprobar el caso contrario, así que lo mismo hago en la mía. Como sea, con el azúcar las fresas sueltan más jugo que, al combinarse con aquella, hace un jarabe que es la delicia de cualquier glotón que se precie.
Finalmente lavadas, desinfectadas, espolvoreadas y guardadas en su traste, pude tomar una porción generosa -¿para qué ser pichicato?- para prepararla a mi gusto; caí en la cuenta de que necesito comprar un machacador, ese utensilio que es un disco de acero inoxidable con incontables agujeros unido perpendicularmente a un mango con el que, generalmente, machacan los frijoles y que, en mi experiencia y después de incontables tenedores doblados, es excelente para machacar fresas, sobre todo cuando son muy frescas y están más firmes y duras. Las tuve que cortar en cuadritos con la ayuda de un cuchillo y, ya en pedazos pequeños, fue más fácil aplastarlas.

Habrán pasado unas tres horas desde que la marchante preguntó “¿qué más le doy?”. Tres horas de malabares e imprevistos, de buscar medios para llegar a este delicioso fin: un gran plato lleno de fresas –machacadas- con crema. Justo ahora que le doy gusto al gusto ¿qué me importan en este instante el pasado y el futuro? Sobre todo si lo que he vivido hasta el momento, y no sólo las últimas tres horas, me ha puesto frente a este particular manjar y todo lo que viva después, empezando por los minutos que vengan en seguida del plato, me encontrarán con el gusto satisfecho. Si eso es pecar –Orgulloso por rebelde y vanidoso quiere creer que si- me declaro pecador, lo cual me obliga a incluir el pensamiento ocioso como la debilidad número 323 en mi vida porque ¿qué demonios tienen que ver las fresas con los pecados? 

Mosquito ©

Falta poco tiempo para el amanecer y Ella ha pasado despierta la mayor parte de la noche, al menos así lo siente; no sabe si  es i...