marzo 13, 2012

De Redes Sociales©


Exey Panteleev***
La semana pasada fui de visita a la casa de la tía Azucena, reunión familiar. Creo que ese tipo de reuniones siempre están muy devaluadas, por lo menos la mayoría se burla de ellas con los amigos y las hace parecer como una carga, o un deber o algo desagradable por lo que se debe pasar, “por los viejos, tu sabes”. Probablemente para muchos son un martirio, cada quien; sin embargo también tienen algo de interesante.

Lo peculiar de esta particular reunión con la tía Azucena es que se juntaron familiares de otras regiones del país. Ahí está, por ejemplo,  el tío Pedro: recién desempacado de la costa pacífica, todo un personaje digno de novela costumbrista pero con el peculiar colorido que sólo los descendientes del astuto don Alejandro le pueden imprimir a la vida en esta dimensión. Pedro nació en las faldas de la Sierra Madre Occidental, hecho del que consigue hacer una mofa tan graciosa que, no por repetitiva, pierde su encanto.

Cuando tenía tres años, los abuelos se mudaron a la capital, punto del que se cuelga el tío Pedro para considerarse más chilango que los tacos de suadero y que  Mario, Sebastián y Azucena –los más chicos de mis tíos. Toda una vida después, el tío Pedro migró junto con su esposa y sus tres hijos a las costas de Manzanillo; sacando cuentas, eso sucedió hace unos 18 ó 20 años. Desde entonces, al multi mentado tío lo habré visto en cuatro o cinco ocasiones, pero siempre con gusto y cariño. Lo curioso es que en cada ocasión nos hemos sentado a platicar como si apenas la semana pasada hubiésemos estado juntos. Al menos eso creía, hasta ahora en que de verdad parece que apenas la semana pasada nos vimos.

En algún momento el tío Pedro, impulsado por Julián o Ana –mis primos- o por iniciativa de su ronco pecho, no lo sé, se metió en la ola ésta de las redes sociales. Poco publica, poco se mete, poco comenta y mucho menos contesta las menciones, etiquetas, fotos y demás. De las felicitaciones por su cumpleaños mejor ni hablamos.


Ayer que nos vimos, después de abrazarnos, lo primero que me dijo fue “Siento como si apenas ayer nos hubiésemos visto” –hasta aquí todo normal-. Y entonces empezó a preguntarme por la carrera de 10km en la que se me ocurrió participar; por la fiesta sorpresa para Martha –la más grande de las primas-; me dio algunos consejos para mejorar en el próximo rally al que planeo inscribirme; me pidió los detalles pormenorizados de la reunión en casa del tío Paco. Quiso saber qué fue de la computadora que tuve que regresar por garantía y los motivos de mi pospuesto viaje a la playa. Incluso comentó lo flaco que me veo últimamente; lo cual es cierto, en los últimos meses bajé algunos kilos –no sé cuantos, no tengo la costumbre de pesarme-.


Lo increíble es que hace cinco o seis años que no nos veíamos; sin embargo me sabe vida, obra y milagro. Y no es que el tío Pedro sea un stalker profesional, ni siquiera amateur o de bolsillo. Lo único que ha tenido que hacer es abrir su perfil y, fiel a su naturaleza humana, tan sólo ejercitar un poco su curiosidad y ponerse a leer la vida, obra y milagro que yo mismo público para conocimiento “público”.





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Este relato se publicó originalmente en www.imaginario.mx 



*** exeypanteleev.com En este sitio puedes encontrar más fotos de Exey Panteleev. Por favor, antes de entrar en la página considera que las fotos incluyen desnudos.

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