agosto 18, 2011

Premio con Ternura


Todavía no entiendo muy bien las reglas de la blogósfera, ese sitio donde los diferentes bloggeros coincidimos y estamos más o menos al pendiente de otros bloggeros con sus propios y muy particulares intereses.

La mayoría tenemos  una lista de blogs que seguimos. Y dicha lista se actualiza sola conforme cada autor (bloggero) sube nuevas entradas (posts) en su sitio. La mía, mi lista, la pueden ver en la columna derecha hasta el final, por si alguno quiere explorar otros pensamientos ("En mis ratos de ocio leo:").

Te encuentras un montón de personas con opiniones de todo tipo, lo mejor es que hay tanta variedad que te sirve para recordar justo eso: que todos somos diferentes y que es en esa diferencia donde está la riqueza.

Hace tiempo, de una amiga bloggera (de momento ausente en este mundo virtual), recibí mi primer premio. Hoy recibo el segundo premio (segundo sólo en el orden cronológico) de otra amiga bloggera: Sor Cecilia y ¡directamente desde Calatayud! ¡Al otro lado del Atlántico! ¡Genial! ¿no lo creen?

Según escribe Sor Cecilia, este es con motivo de sus 60 años. Toda una vida. Desde aqui un abrazo para ella.


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agosto 05, 2011

¿Y CÓMO ESTÁ TU PAPÁ? ©

Cuando era pequeño, en casa de mi abuelo me gustaba leer su periódico a escondidas, los sábados y domingos temprano por la mañana.

La costumbre -el rito- en su casa era, todos los días, recoger el periódico que el repartidor metía por debajo de la puerta y dejarlo sobre la mesa de la cocina (una clara contradicción a la regla de "no subas las cosas del suelo a la mesa"), ahí, sin hojearlo para no estropear su perfecto doblado de aparador antes de que lo leyera el señor de la casa (el de los cielos qué).

Una vez que mi abuelo llegaba a la mesa ¡le servían su almuerzo mientras leía su periódico! -otra violación a las reglas de la casa: "A la hora de comer, comes; nada de jugar, leer ni nada. Comes y se acabó". ¿De que privilegios gozaba aquel hombre que podía hacer lo que le viniera en gana sin recibir ni un reproche? ¡Y además le facilitaban todo lo necesario para cumplir sus caprichos!, aunque ello significara romper unas cuantas reglas. Regla tácita era no tocar el periódico antes de que lo viera él y todo mundo la respetaba, incluso mis tíos, que para todo lo demás no tenían empacho en contrariarle.

En los periódicos, aunque los dobles con sumo cuidado siempre se nota cuando alguien ya lo leyó. Y mi abuelo se enojaba. Hasta que llegué yo. Justo ahora que lo platico, creo que por eso empecé a leer el periódico: a ver si por imitación se me pegaba algo de esas libertades tan naturales para mí abuelo. Y supongo que algo se me quedó porque fui el único que podía leer "antes".

Cuando descubrió que yo era el que "estropeaba" su periódico ya sólo hacia como que se enojaba. Así que yo me esforzaba en dejárselo como "nuevo" para evitarle el "disgusto". Y lo leía a hurtadillas: sólo tenía el tiempo justo entre el momento que llegaba el periódico (los fines de semana no llegaba tan temprano) y la hora en que bajaba a almorzar. Cuando oía sus pasos resonar en la escalera sólo tenía segundos para doblar el periódico, colocar las secciones en orden y huir como alma que lleva el diablo de su lugar (a la hora del almuerzo su sitio era el único en la mesa con espacio suficiente para leer el periódico). Como el tiempo era siempre corto, aprendí a leer sólo las editoriales: parecían resumir la información más importante, además de que me parecían más cálidas y amenas que la fría información de las notas.

Hasta hoy conservo esa costumbre (la de leer  editoriales, que hace años mi abuelo ya no es en este mundo). Leo los comentarios de casi todas las secciones (deportes casi no me llaman) y mucho me gustan aquellas que de costumbre, o de vez en cuando, hablan de todo y nada, que hablan de cosas tan mundanas como la vida misma. Tienen un cierto encanto que me atrapa.

Después de un tiempo, algunos empezaron a hojear el periódico "antes" confiados en que era yo la coartada perfecta, pero mi abuelo descubría cuando alguien más y no yo leía su periódico y entonces si protestaba. Nadie se defendía echándole en cara que a mi no me armaba tanta bronca. Varios terminaron leyendo bajo mi amparo, pidiéndome alguna sección que yo no estuviera usando, que cuando bajara el abuelo me dejaban a mí todo el enredo. Al menos así lo tengo en la memoria, ojalá alguno de los más grandes me corrobore lo que así recuerdo. He de preguntar...

Mi abuelo. Alguna vez hasta le tuve mucho miedo y eso que sólo lo vi caminar borracho hasta su cuarto; me dio miedo porque ahí lo supe humano y no el dios que lo creía yo, ahora lo sé. Alguna vez, pretextando cansancio, se sentó en el parque mientras mi mamá iba a pagar al banco y cuando ella se perdió de vista se puso a llorar en soledad la muerte de su compañera, mi abuela, años atrás, su enfermedad (la de mi abuelo) y sólo Dios y la vecina (amiga de la familia de toda la vida quien por suerte pasaba por ahí) saben de qué más.

Muchas otras cosas recuerdo de él pero hoy que -para escribir un correo comentando sobre otro tema- recordé la anécdota de marras caigo en cuenta de que esa farsa que armamos los dos en torno a su periódico tan sólo fue otra forma de demostrarme su amor.


pruebas
Y compruebo una vez más por que en la familia (familia donde los bisnietos de los primos de los tíos abuelos son cosa común, es decir, familia grande) cuando alguien me veía preguntaba de inmediato "¿Y cómo está tu papá?" por saber qué era de mi abuelo. Porque en la práctica lo era.

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