febrero 23, 2011

EL ÚLTIMO VUELO ©


ESTE FUE EL AVIÓN...

Después de haber leído la frase “El hombre es un animal de costumbres“, Mafalda se cuestionaba si no sería que “de costumbre el hombre es un animal“. Amo a Mafalda, aunque sólo sea un personaje de ficción. De momento me quedo con el asunto de las costumbres. Es cierto, hacemos una repetición de todo hasta que se vuelve automático: si el despertador suena todos los días a las 7am incluso el domingo nos despertaremos cerca de esa hora aunque el despertador esté apagado; en el carro siempre tomaremos la misma ruta; compramos en la misma tienda; la pasta de dientes sólo tiene una forma correcta de estar en el lavabo (algún costumbrista dirá escandalizado que la pasta no va en el lavabo); en fin... costumbres. Las costumbres nos facilitan la vida, aunque también nos pueden adormecer. Pero no es la repetición lo que crea la costumbre, si así fuera ¡qué fácil sería la vida!

Por ejemplo, los sepelios. Son repetitivos: te vistes de negro; vas y te congregas en el lugar convenido; siempre hay flores, coronas y unas grandes veladoras (creo que hay unos cirios que te dan desde el bautizo y se prenden en todas las ocasiones religiosas, me pregunto si alguien llevará dicho cirio al sepelio); se rezan rosarios y oraciones; cantan… ¡cantan! (lo del canto merece mención aparte, luego será). Por lo general son las personas mayores quienes, literalmente, llevan la voz cantante en eso de los cantos y los rezos, pero como siempre son los mismos (“mismos" creo que aplica tanto para las personas mayores como para los cantos y rezos) terminas por aprenderlos aunque sea a medias. De hecho creo que esa parte repetitiva de los sepelios de algún modo te conforta, te serena. Regresando a las canciones, ¿han escuchado esa de “pescador de otros mares“? La de “en mi barca no hay oro ni espadas...“ Pues esa canción tiene la costumbre de ponerme en modo “sepelio“, es decir, triste y melancólico. Será porque es costumbre cantarla en los sepelios y he terminado por asociar una con otros como algo inseparable. Todo es igual en los sepelios, lo tienen todo para ser costumbre, pero jamás lo serán porque el muerto es siempre diferente. Y qué bueno que nunca sea el mismo porque nadie es tan malo que merezca morir dos veces.

Llegamos al sepelio justo a la hora de los cantos; de entrada no queríamos entrar, atravesar toda la estancia y ser observados por todos. Justo al fondo estaba la cara más familiar; hacia allá fuimos. Me senté en el descansabrazos del sillón, ya no había sitio. Me dediqué a reconocer el terreno, pocas, muy pocas caras conocidas (veintitantos años no pasan en balde), ojos rojos, caras hinchadas; rostros tristes y miradas perdidas en el infinito. Algunos dormitaban sin dormir, seguramente quienes vivieron la experiencia desde el principio, a quienes el cansancio y la angustia les cobraban ya factura.

Y en el lugar principal, el féretro con tres cuadros encima, flores y demás parafernalia. Es tan irreal. Tan sólo una caja de metal, pero su significado es tan fuerte... Debo creer que su cuerpo que no él, sus restos porque él ya no esta (ya murió), están dentro de aquella caja. Quiero decir que la última vez que lo vi estaba vivo y no le dolía nada -quizá el alma, pero eso sólo él lo sabría- así que de verdad era extraño hacerse a la idea de que sus restos estaban dentro de aquella caja metálica y, por tanto, que él ya no existía. Fue un accidente, de avión; de los verdaderos accidentes en avión, no del ocasional despiste ni nada por el estilo ¿necesito añadir más? Por eso es tan chocante: está vivo y segundos después ya no. Y luego te ponen enfrente el féretro y ya, eso es todo. ¿Y se supone que debes creerlo a pie juntillas? ¿Amén y a lo que sigue? Ahora comprendo por qué la gente prefiere saber la verdad por cruda que sea: porque la incertidumbre mata. Perdón, la incertidumbre no mata tan sólo produce angustia; el golpe es lo que aniquila -y si no me creen que se lo pregunten al del féretro-. Quizá deba decir porque la incertidumbre "mata". Ahora sé por qué algunos se asoman dentro del ataúd: porque constatar el hecho te proporciona paz. Yo lo veía como algún tipo de profanación,  ¿pero cómo negar lo que estás comprobando con tus propios sentidos? Algo asi como un golpe de realidad, que tampoco son de los que matan pero son buenísimos para poner los pies sobre la tierra.

Cuando bajé la tapa y di la vuelta, había menos gente en la sala y los aún presentes estaban un poco pálidos. ¿Por qué encontramos la muerte tan intimidante? Para allá vamos todos. Digo, no que me corra prisa alguna, pero el que está vivo habrá de morir, le guste o no.

Y todavía falta el entierro...

Al salir de ahí, me dije a mi mismo y comenté que en mi funeral no habría cantos ni rezos; mejor mariachi y en vez de primer, segundo y tercer misterio que al primer acorde se suelten con la de “El Mariachi Loco“ nomás por ver qué cara ponen todos; en el segundo acorde la de “La Vida no Vale Nada“ para estar a tono con la ocasión; que se sigan con la de “Que Suerte la Mía“ por recordar que en la vida hay otros dolores más fuertes que ya los quisiera el muerto porque solo quien vivo es siente; luego las complacencias y al final la del Pescador para darle el toque tradicional al asunto. Y lo digo en serio.

Al día siguiente, a las puertas del panteón esperábamos cuando desde el fondo de la avenida dobló el cortejo en la esquina con el féretro al frente, cargado en hombros, las flores -siempre las flores-, los deudos, los vecinos y ¡el mariachi!… ¡Un mariachi!… ¡Hombre! ¡Qué casi espero con ansia toparme con alguna plañidera!; ellas y un perro flaco cerrando la comitiva son los únicos que faltan. ¡Por mi vida que el mariachi me ha impactado! Con un codazo le digo a mi hermana “¡Mira! No andaba tan errado“.

Todos mis sepelios previos han sido de cripta: nichos revestidos de cemento donde cabe el ataúd, metes la cajita y un par de albañiles tapia la entrada con ladrillos y mezcla previamente preparada; al final resanan la pared y frente a ti sólo queda un flamante muro de cemento ¡Vualá!

Éste es en tierra, cavan un agujero con picos y palas; de la vieja escuela, pues. Junto al hoyo están todos. Los únicos tranquilos son los sepultureros, casi se ven aburridos, respetuosos si, pero aburridos como si ya estuvieran acostumbrados. Para ellos, aunque siempre cambie, el muerto es siempre el mismo: un perfecto desconocido. El mariachi no deja de tocar y de las plañideras ni sus luces, pero ni hacen falta pues por espontáneos(as) no paramos. Mojan el fondo del agujero con agua de una  jarra de cristal -muy bonita por cierto, no cualquier jarra- como marcando el territorio. Lo siento, mi vena irreverente; en realidad dibujan una cruz con el agua de la jarra para consagrar la tierra y alejar al demonio, al menos eso me dijo un lugareño; o sea que sí marcan el territorio ¿ven cómo no andaba tan errado? Se preparan para bajar el féretro, pero antes dicen algunos discursos del tipo "a-los-ojos-de-la-muerte-todos-son-unos-santos".

¡Pinche Muerte! ¡Además de hija de la chingada, cegatona!

Dentro del gran agujero que es la fosa hay uno más pequeño dónde cabe justo el ataúd y cuyas paredes sirven de apoyo para colocar unas lozas de concreto; las lozas sirven para soportar el peso de la tierra y evitar que el féretro y su inquilino terminen aplastados -literalmente. Entonces si, a echarle tierra al asunto, perdón al difunto; acomodan las flores -con un poco de suerte dentro de poco se verán tan viejas y secas como las de las tumbas vecinas-; colocan la placa “conmemorativa“; abrazos, besos, "veámonos más seguido" y adiós, todos salen en desbandada.

¿Quién puede llegar a acostumbrarse al numerito?

Yo no. De hecho he decidido que el mío será el último sepelio al que asista; después de todo, cuando sepan a quién se le ocurrió lo del mariachi loco no creo que me dejaran entrar a ningún otro.

PD
Perdón, antes de la desbandada sigue la comida en honor del difunto (es velorio de pueblo):
-Comes.
-¡Provecho!
-Lágrimas y risas. Jajaja-jejeje.
-Abrazos, besos.
-"Veámonos más seguido".
-Adiós.
-Desbandada.
-La vida sigue...
En los pueblos son sabios.


2 comentarios:

Erika. dijo...

Es curioso... de pronto, la vida te ha arrebatado algo que nunca tuviste.

Ese ver las cosas "desde afuera", sabiendo que estás totalmente involucrado, debe ser muy extraño...

Lamento mucho todo... la ausencia, la presencia, el entierro, y probablemente, los sentimientos encontrados...

Un abrazo grande.

Te quiero.

Gil dijo...

Has hecho una radiografía...

Gracias por el abrazo, ya nos lo daremos en persona.

Besos

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