febrero 03, 2010

Mi cepillo de dientes ©

Alguna vez dije que la vida me sonrie, pero que no estaba seguro si se reía conmigo o de mi. En semanas como la que recien terminó me inclino a pensar que la vida se rie de mi. Y por lo que puedo ver, le he de resultar muuuy divertido. Tiene un sentido del humor muy fino, irónico, ¿negro?... ¿o tal vez retorcido?, yo qué sé.

La vez anterior mencioné mi cepillo de dientes y sus menos de tres meses de vida. Sin proponermelo dicho cepillo se convirtió en el personaje principal de mi siguiente pato aventura. ¿Fue la vida misma quien le dio el papel protagónico?

Aún estaba pensando que otros arreglos necesita mi nuevo hogar, cuando la respuesta me llegó no del cielo, sino de un agujero en la alambrada que rodea la casa y en las puertas y ventanas violadas de la misma: necesito barrotes o -como la gente prefiere llamarlos- herrería; me refiero a esas protecciones para puertas y ventanas que más bien parecen barrotes.

Se metieron a la casa y se llevaron casi todo, bueno incluso se llevaron hasta la maleta donde guardaba -¿ustedes que creen?- mi cepillo de dientes y la pasta. ¡Mi cepillo de dientes con menos de tres meses de uso! ¿Pueden creerlo? ¿Qué va a decir mi odontólogo de mi?... Bueno, lo primero que me diría es que tiene más de, mucho más de, muchísimo más de 6 meses que no paso por su consultorio; pero no, ese no es el punto. Seguramente me recriminaría por ni siquiera poder hacerme cargo de un triste cepillo de dientes.

En la casa no tengo flores de maceta, ni pececitos ni nada que necesite cuidados especiales; por eso empecé con un cepillo de dientes, sólo tengo que cuidarlo por tres meses y después cambiarlo por otro ¿qué puede haber de difícil en ello?. Llevo años haciendolo, claro que jamás lo había hecho justo después de una mudanza en toda forma, supongo que esa variable fue mi perdición -o más bien la perdición del cepillo.

Lo robado, robado está. Lo que perdí, perdido seguirá. Lo que sigue es tapar el pozo pa´que no se me ahogue otro niño, porque el primero vaya y pase, pero el segundo ni tiene perdón ni razón de ser.

Pero la vida, esa bendita ingrata de humor retorcido, es muy sabia y justa: al día siguiente, revisando por donde se metieron a robar y buscando alrededor de la casa encontré... ¡exacto! ¡el cepillo de dientes!

¡Mi recompensa por haberme preocupado por cambiar mi cepillo de dientes cada tres meses fue no perderlo!

Diganme si la vida es o no una chulada...

Yo la adoro, pero no siempre comprendo su humor; asi que yo sonrió con ella, aunque eso signifique reirme de mi mismo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

YO SOLO SE QUE ESTAS LO Y QUE ESCRIBES GENIAL... LA NETA NO SE QUE HACES SENTADO EN UNA MAQUINA ATENDIENDO A PINCHE GENTE LOCA JAJAJAJA PERO MAS LOCO ESTAS TU POR SEGUIR AHI EN VEZ DE SALIR REALMENTE A LA VIDA Y DARLE A LA VIDA Y A TODOS EL GUSTO DE ESCUHCARTE Y VIVIR UN MOMENTO CONTIGO

SOLO VIVE LA VIDA QUE TANTO AMAS.
TE QUIERO

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