enero 20, 2010

HOME ALONE ©

Hace ya tres años -septiembre del 2006- salió la oportunidad de un trabajo, sólo que en otra ciudad. Me preguntaron si tenía algun reparo en ello y yo contesté que no había problema. De regreso en mi casa platiqué con mi adorada madre. Acordamos que lo mejor era viajar ligero, asi que llene dos maletas de ropa y dos semanas después ella se despedía de mi.

Cuando llegué al que sería mi primer hogar fuera de casa lo único que llevaba conmigo era el par de maletas. Asi que instalarme fue de lo más sencillo: sólo tuve que desempacar.

Hoy, a tres años de aquella aventura, hago mi primer mudanza... ¡Por Dios! ¿Qué fue de aquellos tiempos en que toda mi vida cabía en un par de maletas? Ahora toda mi vida cupo en dos camionetas y aunque la nueva casa es más grande, o quizá por ello, llegar a mi nuevo hogar no resulta tan sencillo como la primera vez.

De entrada aprendí algo: mudarse de casa no se trata de tan solo empacar en un lado y desempacar en el otro como si de maletas se tratara, ¡oh no! de ninguna manera. ¡Es más complicado! Durante tres días tuve que usar el mismo pantalón porque solo la providencia sabía donde había guardado los demas (ahora sé por qué etiquetan las cajas...),. Y lo mejor es que ni siquiera sabía que tenía ese pantalón, apareció de la nada. Mi cepillo de dientes quedó en la "m" de miscelaneos, así que tuve que comprar otro y eso que con el primero no había cumplido los tres meses "recomendados por los dentistas".

Todos los enchufes son de dos agujeritos y todos mis aparatos, empezando por el refri, son de tres patitas. Descubro que de las muchas lámparas que tiene esta casa la mayoría tiene los focos fundidos; asi que en el segundo día fui a comprar focos, contactos, y algo de comida para meterle al refri. Pero entonces tuve otro problema: los techos son muy altos y con las sillas nomás no alcanzo. Tuve que parar uno de los sillones para usarlo de escalera y ahi me tienen, haciendo equilibrio sobre un mueble diseñado para sentarse no para treparlo, encaramado como chango a metro y medio del suelo y pensando que si me caigo nadie escuchará mi grito, pero como traigo el celular en la cintura agarro valor. Iluso de mi pienso que si caigo podré llamar a alguien para que me ayude, pero no pienso que si caigo de cabeza o si aterrizo sobre el celular... Y luego hay quien dice que soy muy inteligente. Si supieran...

Cuando finalmente baje del sillón -lo que es más fácil de escribir que de hacer- y prendí las luces... ¡zaz! que se funden tres focos...





3 comentarios:

Erika. dijo...

¿Y quién dijo que la vida de soltero era fácil?, jejeje.

Ya verás que pronto te sientes a tus anchas :P

Besos!

J Carlos Adame dijo...

Ja ja ja, realmete te pude imaginar batallando para instalarte, pero eso que para muchos podría ser desesperante, tu lo planteaste al estilo de "al mal tiempo buena cara"...un abrazo !amigo.

Gil dijo...

Calla boca, hoy tuve una trifulca con el méndigo(sic) taladro; me hubiera ganado de no ser porque alcancé a desconectarlo de la pared... pero esa es otra historia, jajaja

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